Nikki Haley apuesta por tenerlo todo a la vez (o las posibles razones de su dimisión)

Su renuncia fue muy comedida, pero no es la última vez que escucharemos de Haley y de las desmedidas ambiciones de esta muy estadounidense hija de inmigrantes indios.
Opinión
John Feeley fue embajador de Estados Unidos en Panamá y actualmente es analista diplomático de Univision.
2018-10-10T16:52:19-04:00

Para un hombre tan obsesionado con ganar, la noticia de la partida de Nikki Haley, la embajadora estadounidense en la ONU, debe haber puesto a reflexionar a Donald Trump. A pesar de que afirmó, algo difícil de creer, que ella le había contado meses atrás sobre sus planes, y de la improvisada y televisada demostración de amor entre los dos, hay buenas razones para que los expertos en Washington se pregunten "¿por qué ahora?"

En política, solo los ingenuos –o quienes realmente no son ambiciosos– abandonan un equipo ganador. Haley no es ninguna de las dos cosas. Al ver su actuación ligeramente dulzona, y algo retórica, en la que elogió al presidente en el estilo al que él (y nosotros) nos hemos acostumbrado, no pude evitar preguntarme qué es lo que ella sabe que el presidente desconoce.

Haley ha recibido elogios de diplomáticos internacionales, republicanos profundamente opuestos a Trump, la prensa e incluso algunos demócratas como un pájaro raro en el gabinete de Trump: alguien que puede seguir instrucciones a pie juntillas, ir a veces más allá y aun así recuperar su lugar, aparentemente fortalecida cada vez que lo hace.

Tras contradecir al presidente y decir que ella "no se confunde", Haley adoptó una línea dura en cuanto a las sanciones contra Rusia, pero no pareció sufrir ninguna consecuencia por salirse con la suya ante un presidente famoso por ser demasiado susceptible. Haciéndose eco de las bravuconadas del presidente, sacudió el mundo retóricamente elegante de las Naciones Unidas al declarar que Estados Unidos iba a "apuntar los nombres" de quienes no veían el mundo como nosotros. La embajadora también era, sin embargo, una experta en sostener conversaciones privadas en las que comunicaba con eficacia su inclinación personal a colaborar con socios y sus creencias personales internacionalistas más que nativistas.

Entonces, ¿por qué esta artista de la cuerda floja política y exgobernadora de Carolina del Sur decidió anunciar su partida apenas unas semanas antes de las elecciones de mitad de período, y justo después de la gran victoria de su jefe en la batalla por la nominación de Brett Kavanaugh? Podrían estar en juego varios factores, en mi opinión, y todos ellos tienen que ver con las desmedidas ambiciones de esta muy estadounidense hija de inmigrantes indios.

Como la mayoría de los observadores electorales, Haley cree que los demócratas volverán a tomar la Cámara de Representantes en noviembre. Ella sabe que esto significaría un verdadero alud de solicitudes de información, citaciones oficiales, testimonios y consultas de supervisión por parte del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara. Si ella se quedara, se le pediría que les explicara a los legisladores por qué fue cómplice en las severas críticas a los aliados tradicionales de Estados Unidos, en deshacer el elogiado acuerdo nuclear con Irán y en desafiar a los mejores científicos del mundo al sacarnos del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Aunque la respuesta "el presidente me obligó a hacerlo" a estas y otras preguntas sería una respuesta legítima, no serviría de mucho para mejorar su imagen en el futuro, cuando el arco de la historia haya empujado de nuevo a Estados Unidos hacia un mayor compromiso internacional y lo haya alejado del unilateralismo del "Estados Unidos primero". Haley lo sabe, por lo que renunciar ahora minimiza el potencial de ese daño a su reputación como mujer republicana que puede llevarnos a un consenso tanto a nivel nacional como internacional.

Además, está también el ángulo femenino. Como alguien que, sin duda, ha tenido éxito en entornos tradicionalmente masculinos, desde el parlamento estatal y el gabinete de Trump hasta las más altas esferas de la diplomacia mundial, Haley puede haber estado tan disgustada por el comportamiento grosero del presidente durante las audiencias de Kavanaugh como tantos otros estadounidenses. Quizás la imitación burlona del presidente de la incapacidad de la doctora Blasey Ford para recordar todos los detalles de su presunto asalto disgustó a Nikki Haley, mujer y madre de una hija pequeña. Yo espero que haya sido así.

Finalmente, está la historia de los inmigrantes. Haley se ha mantenido visiblemente en silencio con respecto a las políticas migratorias del presidente Trump y su desalmado nativismo en lo que respecta a los refugiados y solicitantes de asilo. Haley ha convertido su propia historia de inmigrante en un pilar central de su personalidad pública. Totalmente estadounidense hasta en su leve acento sureño, pero justificadamente orgullosa de su padre profesor y su madre emprendedora, que llegaron a este país como millones de migrantes de un clásico "país de mierda", como los llamó Trump, puede ser que la señora Haley simplemente llegara a un punto de ruptura personal y pragmática con el malvado espíritu de la presidencia de Trump.

Al afirmar que haría campaña por Donald Trump en 2020, y al afirmar que no tiene planes inmediatos para el futuro, la embajadora Haley se adelantó hábilmente a muchas especulaciones sobre sus verdaderos motivos. Y después de ocho años de recibir salarios del sector público, Haley podría estar buscando hacer algo de dinero en el sector privado por un tiempo. Sea cual sea la combinación de motivos que la hicieron abandonar el Expreso de Trump, sospecho que todo esto contribuye al deseo de Nikki Haley de poner tanto tiempo y espacio como le sea posible entre ella y ese tren cuando se comience a descarrilar. Y las elecciones de mitad de período podrían ser la primera señal de un eventual descarrilamiento.

Pero todo esto es especulación. Lo cierto es que no es la última vez que veremos a Nikki Haley. Y estoy dispuesto a apostar a que cuando vuelva a aparecer en el escenario nacional no será para apoyar a a Donald Trump en el año 2020.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Publicidad